Hoy tenía la entrevista. La número 2 en la historia de las entrevistas: la primera fue para el único trabajo que tuve durante 6 años, hasta hace unos meses. Me he sentido un poco vulnerable; desde anoche repasando los apuntes, esta mañana cuando mi madre ha tenido que plancharme la ropa que debía ser la más adecuada, estrenando zapatos y todo el resultado revisado de abajo a arriba bajo el rictus aprobador de madre y padre en el salón, antes de que su hija de casi 30 cruce la puerta agarrando el pomo con los dedos temblorosos.
Lo más divertido es la elección del atuendo. Miles de articulos sobre cómo acudir a una entrevista, advierten de huir de los colores demasiado fluorescentes, complementos estrafalarios...(en uno de los recortes que guardo de la década de los 90, se reflejan los peligros de la época ; “olvídate de los piercing en orejas y pelos de colores en cresta, chapas o pins en la chaqueta...”. En otros, ilustran el modelo de traje-entrevista, con el que ni en los 90 ni en este siglo me hubiera identificado; decente falda por debajo de las rodillas, zapatos de tacón, y recatada chaqueta de sastre a juego con la indumentaria creada por alguien que en el pasado ejerció de institutriz para niñas bien.
Al final, me decanto por lo que en casi todos los artículos progres pero realistas al fin y al cabo rezan; “ser yo misma”. Mis vaqueros, el jersey más cómodo que tengo y en la cabeza, lo que me hace sentir más ligera: los recuerdos de la gente que me quiere, me apoya y se que desea lo mejor para mí.
lunes, 11 de febrero de 2008
lunes, 21 de enero de 2008
“Vale por..."
Me gusta hacer regalos de esos que se hacen esperar en su disfrute. Yo también alguna vez, fui la regalada en cuestión. El envoltorio y la caja sin anillo parecen decepcionar al homenajeado. El regalo se resume en una simple hoja de papel o cuartilla de cartón. Por un momento y antes de devolver con igual sonrisa a los cómplices del asunto que te siguen en cada desdoble, piensas; no les dio tiempo a comprar nada y me imprimen este montón de confetis, paquetes de regalo y demás iconos festivos con la letra al 20 en wordart, que te retira de un salto atrás para leer “Vale por...” Por otra parte, suele tratarse de un regalo difícil de cambiar, a veces incluso personal e intransferible!
El AVE ha llegado a mi ciudad, para hacerla menos “baladí” y acercarnos a la capital. Hace poco, descubrí algo que a pesar de ser vox populi para el resto de la familia; yo desconocía. Mi tío M., el menor de todos, adora todo lo que suene a ferrocarril. Y lo comprobé cuando fue capaz de describir los horarios, dimensiones, paradas y precios que estrenaba el nuevo juguete de RENFE. “Desde la mili, que no monto en tren..” “Vamos a tener que probarlo...”, le sonsaqué ya con los billetes para 2 personas impresas y bien dobladas en mi bolsillo.
Efectivamente, en esta ocasión vez tampoco faltaron los adornos kitch que envolvían el tesoro (incluido un trenecito de madera de 2 centímetros que colgado desde un extremo del sobre, anunciando lo siguiente). Y lo que nadie se esperó entonces, es que cuando sacó las 4 casi idénticas hojas, nos aguardaba un regalo a cada uno de los 14 testigos. Su cara fue una explosión de emoción; de esas que ya no esperas ver a alguien que roza los 50,de niño que se sabe comprendido en sus ilusiones.
Hoy está poniendo a prueba “su” máquina. Está tomando nota de que sigue teniendo la intachable puntualidad que él le defiende, la velocidad no debe bajar de la que marca su caché, la comodidad de los asientos explica porqué no hay posible competencia y el silencio es un regalo a los sentidos, como la vista enorme del valle castellano que deja tras de sí.
Para algunos, una cotidianeidad. Para otros, una aventura con mayúsculas.
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